El atardecer desde la finca: el cielo naranja y violeta lleno de nubes sobre la sierra del Jerte, con una yurta entre los árboles y las guirnaldas ya encendidas

El Jardín de las Delizias · Valle del Jerte — La guía

El valle, si te da por salir

Gargantas de agua helada, pueblos de piedra y madera, buitres del tamaño de una puerta y cerezas con denominación de origen. Todo eso empieza al final de nuestro camino.

La Garganta de los Infiernos Cabezuela, Tornavacas, Jerte, Piornal Monfragüe Cereza, pimentón y queso

Esta página no vende nada. Es lo que contamos en el desayuno.

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Capítulo I

Primero: puedes no salir

Hay gente que llega un viernes, cruza la puerta verde y no vuelve a tocar el coche hasta el domingo. Nos parece perfecto. Para eso está la finca.

Pero el valle de aquí fuera es de los que se quedan dentro. Así que aquí va lo que hay, contado como se lo contamos a quien nos lo pregunta con el café en la mano.

Sin horarios, sin precios de entrada y sin distancias en kilómetros: eso cambia cada año y no nos vamos a inventar nada. Lo que sí te decimos es qué merece la pena y por qué.

La piscina-playa de agua salada de la finca con la cascada de roca al fondo y, detrás, las laderas de la sierra del Jerte bajo un cielo azul
Esa sierra del fondo es el plan de mañana. O no.

Capítulo II

La Garganta de los Infiernos

Es la excursión del valle y no defrauda: una reserva natural por la que baja el agua de la sierra saltando de poza en poza.

Lo que todo el mundo va a ver son Los Pilones: unas marmitas enormes excavadas en el granito por el agua durante miles de años. Redondas, pulidas, imposibles de creer hasta que las tienes delante. El agua viene de arriba y está fría siempre, también en agosto. Que nadie te diga lo contrario: se entra de golpe o no se entra.

Se sube andando desde el centro de interpretación, y el camino es parte del asunto: castaños, robles, puentes y ruido de agua todo el rato.

En temporada alta se llena pronto y algunos años hay control de acceso y aparcamiento. Pregúntanos la noche antes y te decimos cómo está la cosa ese día, que para eso vivimos aquí.

Capítulo III

Los pueblos

El valle es una sucesión de pueblos pegados a la ladera, cada uno con su carácter. Estos son los que te vamos a nombrar sí o sí.

Casas del Castañar. El nuestro. Pequeño, en alto y con vistas de las que no se olvidan. Los castaños que le dan el nombre estaban aquí antes que los cerezos, y siguen estando.

Cabezuela del Valle. El casco antiguo mejor conservado del valle: calles estrechas, casas de entramado de madera y adobe, balcones que casi se tocan de un lado al otro. Se ve andando, sin plan y sin prisa. Es el paseo perfecto para una tarde tonta.

Tornavacas. Arriba del todo, en la cabecera del valle. De aquí sale la Ruta de Carlos V, el camino que hizo el emperador para bajar a Yuste. Se puede andar entera, con su desnivel y su leyenda, o simplemente asomarse al puerto y mirar el valle desde el principio.

Jerte. El pueblo, el río y el valle se llaman igual, así que ya sabes de dónde viene todo. Buen sitio para comprar cereza cuando es su temporada.

Piornal. El pueblo más alto de Extremadura. En enero celebra el Jarramplas: un vecino con máscara y traje de cintas recorre las calles tocando el tambor mientras el pueblo entero le tira nabos. No es folclore montado para turistas, es suyo, y se nota.

Plasencia. No es del valle, pero es la ciudad de al lado: murallas, dos catedrales pegadas la una a la otra —una sin terminar— y un casco antiguo para perderse una tarde de lluvia.

La Yurta Fuego vista entre las ramas del jardín, con su puerta naranja abierta y adelfas rojas en primer plano
Aquí fuera es todo verde ocho meses al año. Los otros cuatro, blanco y luego rojo.

Capítulo IV

Monfragüe, aunque no sepas de pájaros

No está en el valle: hay que bajar un rato en coche. Pero se hace en el día y compensa cada minuto.

Es parque nacional y reserva de la biosfera, y probablemente el sitio de Europa donde más fácil es ver aves grandes sin ser experto en nada: buitres leonados por cientos, alimoches, cigüeña negra y, con suerte y paciencia, el águila imperial ibérica.

El Salto del Gitano es un peñón enorme sobre el río con las aves entrando y saliendo de la pared. Se ve desde el mirador, sin caminar, y aun así se te va la hora. Lleva prismáticos aunque creas que no los vas a usar.

Si prefieres ir con alguien que sepa distinguir un buitre de un alimoche a ojo, te lo organizamos con gente de aquí.

Capítulo V

Qué se come, y qué pedir

La cocina de aquí no es sutil: es buena. Con saber cuatro cosas, aciertas siempre.

La cereza del Jerte. Tiene denominación de origen y la estrella es la picota, esa que se recoge y se come sin rabo. Es fruta de temporada de verdad: llega en verano, dura poco y luego se acabó hasta el año que viene. Si coincides, cómprala en el pueblo, no en el supermercado de tu ciudad.

El pimentón de la Vera. De la comarca de al lado, ahumado despacio en secaderos de leña. Dulce, agridulce o picante: está en media cocina extremeña y se nota en cuanto lo pruebas.

Los quesos. Aquí hay quesos que se comen con cuchara: le quitas la tapa y untas. La Torta del Casar es la famosa; la de La Serena va justo detrás y no le pide nada.

Y lo demás. Castañas en otoño, miel, aceite, y vino de pitarra en las bodegas de los pueblos, que es cosa seria aunque se sirva en vaso.

Nosotros servimos cena y desayuno en el Rincón de Enamorar, y te dejamos la cesta del desayuno en tu jardín si lo prefieres. Pero si has venido hasta aquí, baja al pueblo al menos una vez.

Capítulo VI

Cada estación es otro valle

Este sitio no tiene temporada alta y baja: tiene cuatro valles distintos y ninguno se parece al anterior.

Primavera. La floración: un millón y medio de cerezos abriéndose casi a la vez durante unos diez días. Las fechas cambian cada año y se anuncian con poco margen. Lo contamos entero en cuando florecen los cerezos.

Verano. Las gargantas y las pozas de agua helada, la cereza recién cogida en los puestos de la carretera, y aquí dentro la piscina-playa de agua salada, que abre aproximadamente del 15 de mayo al 1 de noviembre. Las noches son largas y el bar honesto funciona solo.

Otoño. Nuestra estación preferida y la que menos gente conoce: los castaños se ponen de color, el valle se queda vacío, se anda de maravilla y las noches ya piden manta. Se viene a mirar, no a hacer cosas.

Invierno. Silencio absoluto, el cielo más limpio del año y el valle para ti solo. En enero, el Jarramplas de Piornal. Dentro, climatización de frío y calor, y el bar honesto funcionando igual que en agosto.

La Vía Láctea sobre la finca de noche, con dos yurtas iluminadas por dentro entre los árboles y la sierra recortada en negro al fondo
Casas del Castañar, sin contaminación lumínica. Esto se ve andando cuatro pasos desde tu puerta.

Capítulo VII

Lo que montamos nosotros

No somos una agencia de viajes y no queremos serlo. Pero conocemos a la gente de aquí y, si te apetece hacer algo, hacemos una llamada.

Lo que te organizamos

  • Observación de estrellas, en la propia finca
  • Kayak
  • Rutas por Monfragüe
  • Masajes
  • Bicicletas eléctricas
  • Todo con gente de aquí, que vive de esto todo el año.

Lo que no vamos a hacer

  • Venderte un pack cerrado que no has pedido
  • Meterte en un autobús con gente
  • Darte precios de cosas que no controlamos
  • Nos preguntas, lo miramos y te decimos lo que hay ese día.

Cómo llegar

  • Acceso directo desde la N-110
  • Coordenadas: 40.097247, -5.966686
  • No te fíes del GPS si te manda por el camino de enfrente del Mesón Tío Antonio
  • Se aparca fuera y se sube a la puerta verde
  • Hay cargador de coche eléctrico

Capítulo VIII

El GPS miente una vez

Pasa siempre y siempre en el mismo punto: el navegador te manda por el camino de enfrente del Mesón Tío Antonio. Ese no es.

Se entra directamente desde la N-110. Aparcas fuera y subes andando a la puerta verde. Son cuatro pasos y ya estás dentro.

Si llegas de noche o algo no te cuadra, llámanos y te sacamos del apuro: +34 605 829 329. O abre el punto exacto en el mapa con las coordenadas.

Una yurta encendida por dentro en plena noche, con la puerta abierta y dos faroles calados en la entrada, bajo un cielo lleno de estrellas

Volver es media excursión.

Da igual lo que hayas hecho durante el día: la parte buena empieza cuando aparcas, cruzas la puerta verde y ves tu refugio encendido esperándote.

Entrada de 16:00 a 22:00. Si vas a llegar más tarde, avisa antes por WhatsApp y lo vemos.

Las dudas de siempre

¿Hace falta coche?

Para movernos por el valle, sí: esto es campo y los pueblos están repartidos por la ladera. Se llega con acceso directo desde la N-110 y hay cargador si vienes en eléctrico. Si vas a venir sin coche, escríbenos por WhatsApp y lo hablamos antes de que reserves.

¿Se puede ir a Los Pilones en cualquier época?

La garganta está ahí todo el año, pero no es lo mismo en agosto que después de un temporal. En temporada alta se llena pronto y algunos años hay control de acceso y de aparcamiento. Pregúntanos la noche antes y te decimos cómo está.

¿Cuándo hay cerezas?

La flor es en primavera; la cereza se recoge en verano. Son dos viajes distintos: si vienes a ver el valle blanco no habrá fruta, y si vienes a comer picota no habrá flor. Elige y no te arrepientas.

¿Y si llueve todo el fin de semana?

Entonces te toca el plan B, que aquí es bastante bueno: los pueblos con paraguas, Plasencia, una comida larga y volver a la yurta con la climatización puesta. Llover en el valle es parte del valle: por algo baja tanta agua.

¿Organizáis vosotros las actividades?

Las organizamos, no las damos. Llamamos a la gente de aquí que se dedica a ello: astronomía en la propia finca, kayak, rutas por Monfragüe, masajes y bicis eléctricas. Nos lo dices al reservar o al llegar y lo movemos.

¿Esto es solo para adultos también si vengo a hacer turismo?

Sí, siempre. Sin niños y sin mascotas, vengas a lo que vengas. No es una manía: es la condición que hace posible el silencio.

Los tres refugios

Dónde se duerme

Cinco mil metros entre cerezos y tres alojamientos. Ese es el aforo completo de este sitio.

El Jardín de las Delizias, marca registrada

Naturalmente únicos, les esperamos

El valle no se acaba en un fin de semana.

Ni falta que hace. Se viene, se ve un trozo, se vuelve. Nosotros seguimos aquí, regando.

Una noche para dos: desde 156 €. Entrada 16:00–22:00 · salida 12:00 · solo adultos.